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Viaje en tren al 2012

4 de enero de 2012. Era el último día del año 2011 y la atmósfera ya se iba calentando para la fiesta de Nochevieja en Tupiza. Las botellas de sidra abundaban en los escaparates de los comercios. Sin embargo, habíamos decidido que era hora de avanzar. A las 18.30 montábamos en el Expreso del Sur, el tren que nos transportaría al 2012. A eso de la 1.30 de la madrugada del primer día del 2012 llegábamos a Uyuni. En esas siete horas de viaje se habían sucedido un descarrilamiento del tren cuyos vagones tuvieron que ser devueltos a las vías en plena noche y una gran fiesta para recibir al año nuevo. Los pasajeros del tren eran casi en su totalidad jóvenes argentinos que como nosotros iban a Uyuni, iban bien preparados de sidra, vino e instrumentos musicales, incluso un saxofón llevaba alguno, y se encargaron de hacer una fiesta que por momentos amenazó de descarriar el tren una vez más.

El grupo de amigos con que pasamos Navidad ahora se había reducido a cuatro argentinos más Jordi. Ellos habían viajado la noche anterior a Uyuni en autobús. Si nuestro tren había descarriado, su bus se había salido de la carretera en plena noche, por suerte al lado contrario del precipicio, y tuvieron que estar seis horas esperando a que alguien fuera a socorrerles. Todos salieron ilesos pero estos lances representaron una buena introducción al transporte en Bolivia.

Eran la 1.30 de la madrugada cuando entrabamos a un hostal básico pero limpio enfrente de la estación del tren. Llovía y hacía frío, pero eso no impedía que hubiera una gran fiesta en las calles de Uyuni a juzgar por el estruendo de tambores y trompetas que traspasaba los muros de nuestra  habitación.

El 2012 empezó mal. Cuando nos levantamos comprobamos que Uyuni era una ciudad fea y fría, nacida como nudo ferroviario y centro militar. La ciudad dormía en la resaca y temíamos no poder conseguir una excursión al afamado salar y la región de Sud Lípez. Los pocos operadores que estaban abiertos no estaban vendiendo excursiones para el 2 de enero, unos decían que porque no tenían combustible para los todoterreno y otros porque los conductores estaban aún borrachos.

Con ese panorama tan poco alentador, cielo gris encapotado, lluvia y frio ya nos estábamos arrepintiendo no haber hecho el tour desde Tupiza el cual era de 4 días en vez de 3 y también mucho más caro. Casi nos estábamos planteando el darnos la vuelta a Tupiza, o yo, que tan enemigo soy de los grandes reclamos turísticos, simplemente continuar el viaje sin ver el salar. Esto último hubiera sido un craso error.