Coroico y los Yungas: el Camino de la Muerte, Bolivia

15 de enero de 2012. Era domingo y hacía un día esplendido. Paramos a un taxi para que nos llevara a las afueras de la ciudad donde salían los buses hasta Coroico. Nos quería cobrar más de lo que nos habían dicho que costaba. En esas pasaba una de las locas furgonetas para transporte público cuyo letrero de cartón con letras luminosas indicaba el lugar donde queríamos ir y sin pensarlo dos veces saltamos adentro tan pronto como la puerta corredera se abrió.

Nos esperaba un viaje de unas tres horas a Coroico por la nueva carretera sustituta de la conocida como “Camino de la muerte” o “la carretera más peligrosa del mundo”. Entonces podríamos decir que la nueva carretera se podría llamar: “la segunda carretera más peligrosa del mundo”.

Coroico es un pueblo mediano que se encuentra en la zona de la yunga ya de camino a la pura selva de la amazonia del departamento de Beni. Coroico está a una altitud de unos 1500 m.s.n.m de ahí que su selva sea selva de montaña, conocida como yunga, y a orillas del rio Kori Huayco que va a desembocar al poderoso rio Beni. Es un destino muy popular para mochileros debido a la espectacularidad de su paisaje y de la suavidad de su clima, sin ser puramente caluroso tropical ni tampoco el frío del altiplano debido a encontrarse a una altura intermedia.

Habíamos medio quedado con los chicos argentinos que se hospedaban en nuestro hostal en La Paz en vernos en Coroico ya que ellos también tenían el mismo plan que nosotros. Finalmente, gracias a las indagaciones de los chicos acabamos todos compartiendo una casita en las afueras del pueblo ya en la propia ladera del precipicio al valle del rio. Desde la terraza de la casa se disfrutaba de unas vistas espectaculares al valle del rio encajonado entre montañas. Nuestro anfitrión, un señor de Coroico de unos 65 años, era simpático y extrovertido y siempre estaba dispuesto a largas conversaciones para explicarnos todos los pormenores de la selva.

Después de la cena disfrutamos de una larga conversación político-histórica con Diego, Marco y Emi. Los argentinos estaban muy interesados en conocer la opinión de un español sobre temas como el colonialismo, historia en común de ambos países e incluso sobre la economía y política actual de la región. Por mi parte yo estaba igualmente de interesando en conocer su opinión sobre los mismos temas.

Al día siguiente todos nos fuimos de excursión caminando en busca de las tres cascadas. Y esta vez sí, por primera vez en el viaje, buscamos unas cascadas y las encontramos. Fue un día divertido y caluroso así que nos bañamos una y otra vez en las pozas de las cascadas para refrescarnos. A la noche comimos todos juntos en un restaurante un buen menú por 15 Bolivianos, toda una ganga.

Siobhán y yo pensábamos volver al día siguiente a La Paz para continuar después rumbo al lago Titicaca y la isla del Sol. Sin embargo, los chicos argentinos decidieron quedarse un día más ya que nuestro anfitrión se había ofrecido a llevarlos al cercano poblado de Tocaña donde residía una importante comunidad afro-boliviana descendientes de los esclavos llevados desde África en la etapa colonial. La oferta era muy tentadora ya que se decía que era un pueblo muy poco alterado por el paso de los siglos y donde se podía vivir toda una experiencia antropológica.

En esta zona de las yungas se da el cultivo de banana, café, frutas cítricas y sobre todo plantaciones de coca, que como ya se explicó en el relato de Potosí, son legales en Bolivia y también su consumo en forma de hojas. Inicialmente la autoridad colonial envió a los esclavos africanos a la zona del altiplano boliviano para trabajar en las minas, pero visto el alto grado de mortandad de dichos esclavos que tenían que soportar, además de unas condiciones de trabajo de explotación infrahumanas, el duro y frío clima del altiplano para el que no estaban acostumbrados, se les comenzó a destinar a la zona de las yungas para el trabajo en dichos cultivos. Dicho movimiento se consolido aún más después de su emancipación.

El pueblo afro-boliviano está incluido en el régimen de Autonomía Indígena Originario Campesina reconocido por la última constitución promulgada por el presidente Evo Morales en el 2009. Mediante dicho régimen los miembros de diversas comunidades indígenas y campesinas tienen la autoridad sobre sus territorios,  siendo respetada por parte del Estado central sus propias leyes ancestrales en el marco de la libertad, dignidad, tierra – territorio y respeto de su identidad y formas de organización propia. De ahí el cambio de nombre de República de Bolivia a Estado Plurinacional de Bolivia, al estar formado por numerosas nacionalidades.

Unos días más tarde, en la barca que nos llevaba a Copacabana a orillas del Titicaca nos encontramos con otras chicas argentinas que resultó que también habían estado en Tocaña, se habían quedado tres días porque el lugar les había hechizado. No contaron que se habían quedado en casa de un antropólogo de la universidad de La Paz que poco a poco pasaba más tiempo en Tocaña hasta el punto de estar planteándose no volver nunca más a La Paz. La pobreza y austeridad del sitio las obligó a tener que dormir encima de sacos de trigo, no había luz eléctrica ni ningún tipo de comodidad moderna. Sin embargo parecía que el sitio emanaba una energía especial y sus habitantes eran de una grandísima calidad humana. Yo anotaba en mi memoria todos los detalles haciendo un pacto mental conmigo mismo que en mi próxima visita a Bolivia Tocaña estaría en mi ruta.

En el viaje de vuelta a La Paz, después de tener nuestros más y nuestros menos para conseguir transporte, acabamos en un bus lleno de adolescentes argentinos de unos 17 a 20 años. Uno de ellos llevaba una guitarra y al poco de haber iniciado el viaje comenzaban a sonar los acordes de “La vereda de la puerta de atrás” de Extremo Duro. Yo no cabía en mi mismo, mezcla de estupefacción por el hecho de que en Argentina se conociera un grupo de rock español que yo pensaba no había pasado de las fronteras y sorpresa por el hecho de que jóvenes una década menores que yo aún les gustaba la música que yo oía a su edad.  Las tres horas de viaje volaron con una banda sonora con un extenso repertorio de canciones de Sabina, Estopa, Jarabe de Palo, Calamaro, Silvio Rodríguez, Spinetta, Extremo Duro. Yo iba disfrutando y tratando de recordar las letras de las canciones lejanas ya en mi memoria para colaborar cantando. Una vez más me cercioré de la cercanía de las culturas española y argentina.

Una vez en La Paz nos apresuramos y encontramos en la zona del cementerio un bus que salía pronto hacía Copacabana. Después de una semana afincados en La Paz decidimos despedirnos de esa fantástica ciudad y continuar hacia el lago sagrado de los Incas.