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Colonia del Sacramento, al otro lado del Río de la Plata. Uruguay

5 de diciembre del 2011. Tras dos horas en bus llegamos a Colonia de Sacramento. Habíamos oído maravillas de esta ciudad declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1995 y teníamos muchas ganas de conocerla.

Nos quedamos en el hostal “El Español”, era el más barato que encontramos y todavía los precios eran exagerados pues pagamos 20 euros por persona por dos camas en una litera en una habitación con 6 personas. Todavía no habíamos entrado al casco histórico, pero ya había comprendido que la ciudad debía ser espectacular para tener estos precios.

En “El Español” conocimos a una pareja de catalanes de Tarragona muy interesantes y de un trato amabilísimo. Él, al terminar su viaje por los alrededores del Rio de la Plata en el que estaban visitando a su hija que estudiaba un año de carrera en Buenos Aires, se iba a ir hasta Chile a empezar un viaje en bicicleta junto a otro amigo que les llevaría sin una ruta fija hasta la amazonia peruana. Fue, entre otras cosas, recordando las conversaciones con él, experto viajero ya y apasionado de la selva de la amazonia, por lo que nos animaríamos meses más tarde a hacer una expedición arriesgada a lo más hondo de la amazonia.

Sin lugar a dudas Colonia del Sacramento nos encantó. Era uno de estos sitios que por su conservación excelente y su encanto, belleza y el gusto por el detalle – y sin querer, me viene a la cabeza Dubrovnik, no porque sean parecidos sino porque tienen en común esas características – se han convertido en toda una atracción turística, e incluso así conservaba su encanto.

Colonia del Sacramento es una ciudad construida por los portugueses en el siglo XVII en el Río de la Plata para contrarrestar el poder español de Buenos Aires al otro lado del río. La ciudad fue conquistada y reconquistada en numerosas ocasiones tanto por portugueses como por españoles, e incluso una vez obtenida la completa independencia continental de las metrópolis portuguesa y española la ciudad fue invadida durante 10 años por los brasileños, para quedar en 1828 bajo el dominio definitivo del Estado Oriental del Uruguay.

Las calles del casco antiguo de la ciudad se encuentran completamente adoquinadas y las casas y mansiones de estilo colonial español y portugués se han recuperado y han quedado en un estado como si los siglos no hubieran pasado por ellas. Los rincones y callejuelas con encanto se distribuyen por doquier, la muralla parcialmente conservada todavía tiene en pie su portal de entrada y su foso, tiene un coqueto puerto de yates y el romántico paseo de San Gabriel a orillas del Río de la Plata. Por si fuera poco y como para dejar aun más claro el estilo clásico de la ciudad, abundan los coches de lujo clásicos de los años 40, 50 y 60, en perfecto estado de conservación y aún en funcionamiento.

Estando en Colonia del Sacramento recibimos un email de una de las granjas que habíamos contactado en referente a la estancia como voluntarios. Estaba en la provincia de Buenos Aires, y además era un “Yoga Park” y decían que podíamos incorporarnos cuando quisiéramos en los próximos días. No nos disgustaba la idea de una estancia en el interior de la provincia de Buenos Aires, ni tampoco desconectar un poco haciendo yoga, por lo que confirmamos nuestra llegada. Acerca del futuro del itinerario yo ya estaba teniendo dudas si lo más adecuado era bajar hasta la Patagonia y Tierra de Fuego, como pensábamos inicialmente, o si no sería más lógico limitarse a cubrir el norte de Argentina en el camino hacia Bolivia. Por lo pronto desestimamos la idea de continuar hasta Carmelo, un par de horas al oeste de Colonia, para cruzar el Río de la Plata desde allí hasta Tigre en Argentina. Se decía que este era el cruce más bonito del Río de la Plata ya que se hacía en lancha siguiendo los brazos del delta del río en contraposición al que realizamos nosotros en ferri desde Colonia hasta el puerto Madero de Buenos Aires, sin embargo, esta última opción era mucho más rápida y teníamos ganas de empezar la nueva aventura en la graja-parque de yoga.

Después de una semana dejábamos Uruguay con nostalgia ya de los buenos momentos pasados en las piscinas termales de Salto y de esos paseos por las infinitas playas de Punta del Diablo. Pero, al mismo tiempo, conscientes de que era un país que no se prestaba mucho al viaje de aventura y choque cultural que andábamos buscando.